La magia. Parte II

Hola, lectores

Si están leyendo esto es porque ya revisaron la primera parte de este tema, así que continuaré donde me quedé. La última vez expliqué cuestiones muy generales respecto a la magia en la Antigüedad Clásica y Edad Media, en esta ocasión hablaré de cómo fue que la brujería se convirtió en un delito perseguido y castigado. 

Como muchos saben, la Edad Media se divide en Alta Edad Media (500 d.C.- 1000 d.C.) y Baja Edad Media (1300 d.C. - 1500 d.C.). Durante la primera etapa, que empieza con la caída del Imperio Romano, ocurre la transición de la Antigüedad Clásica, esto quiere decir que los nuevos sistemas políticos comienzan a formarse, surgen la alta nobleza y el alto clero como centros de poder. El cristianismo comienza a expandirse y se ve obligado a convivir con religiones paganas, musulmanes y judíos. 

Como ya vimos en la primera parte, el cristianismo rechazó toda creencia contraria a su fe, así una gran cantidad de prácticas paganas fueron prohibidas por el clero, entre ellas por supuesto, prácticas que consideraban mágicas.  

Hacia finales de la Alta Edad media, los autores cristianos hicieron una distinción entre magia natural y magia demoníaca. La primera se refiere básicamente al uso de plantas y otros instrumentos para llevar a cabo curaciones o rituales de fertilidad, la segunda está dedicada al contacto con espíritus demoníacos para adivinar sucesos futuros, conseguir respuestas o pedirles que dañen a otra persona. Durante este periodo, se creía que tanto hombres como mujeres eran susceptibles de caer en estos crímenes, tiempo después, hacia el final de la Edad Media, las mujeres comenzaron a ser las principales acusadas de prácticas mágicas.

Otro cambio que se dio con el paso del tiempo fue la distinción entre magia natural y magia demoníaca, estas dos distinciones se fundieron en una sola transgresión que se relacionó con la herejía y la superstición. Éstas eran faltas graves para la doctrina católica y debían ser castigadas, por esta razón se fundó el Santo Oficio de la Inquisición en el año 1184 y el delito de brujería comenzó a ser perseguido. 

Ojo aquí, la Inquisición no procesó a tantas mujeres por brujería como se cree, sino que fueron los tribunales locales los que se encargaron de llevar a la hoguera a miles de mujeres. Lo que ocurría en los pueblos donde contaban con un sistema de justicia relativamente autónomo era que los habitantes culpaban a una mujer, o a un grupo entero, de causar sequías, malas cosechas, enfermedades y muertes de niños. Los habitantes del pueblo presionaban a las autoridades para abrir casos en contra de la o las acusadas. Cuidado, estas autoridades NO eran eclesiásticas, sino civiles y jurídicas. 

Los procesos que se llevaban a cabo eran parecidos a los que se llevan actualmente en los órganos de impartición de justicia. Se recibía una denuncia, se presentaban testigos, pruebas y las acusadas debían rendir declaración. Si se negaban a acepar los cargos que se les imputaba, efectivamente empleaban tortura hasta que la procesada confesara o muriera. En ocasiones era posible librar la pena haciendo una apelación, resistiendo las torturas del interrogatorio o recurriendo a un tribunal superior para que ellos cesaran el proceso. 

Es importante insistir en que los tribunales que procesaron a más mujeres eran los locales que tenían libertad de acción y no estaban bajo la jurisdicción de un tribunal más grande centralizado en una ciudad. 

La próxima vez hablaré de cómo se fue formando la figura de la bruja durante este periodo. 

Hasta entonces.

Rodrigo.

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